Durante los últimos 15 años, asistimos la irrupción de la tecnología ha desafiado a las instituciones educativas en todos los niveles y, en forma particular, a las instituciones universitarias.
Más allá de los emprendimientos en educación a distancia de instituciones de larga tradición como la Open University en Gran Bretaña, o instituciones "nacidas virtuales", como la Oberta de Catalunya (UOC) o la Universidad de Quilmes, en Argentina; el verdadero desafío consiste en integrar la tecnología al aula en todas sus formas; en la enseñanza a distancia y la presencial; en la biblioteca y en la investigación; en la docencia y en la administración.
Las universidades han cumplido tradicionalmente con tres funciones principales:
- - producir nuevo conocimiento
- - conservar – transmitir conocimiento
- - servir a las necesidades de la sociedad
En forma intencionada ordené las tres funciones de esta manera, a fin de poner de relieve de qué manera, en mi opinión, se ven a si mismas hoy en día las Universidades.
La transmisión del conocimiento no es considerada por las universidades, como su función principal. La enseñanza no es, en la mayoría de los casos, parámetro de excelencia para los catedráticos e investigadores y, en el mejor de los casos, es estimulada con menciones o evaluaciones “morales”. Difícilmente la inversión en “enseñanza” es recompensada, y menos aún es considerada para acceder a ascenso,s nombramientos o becas de investigación. No obstante, las universidades no han ignorado los cambios producidos a su alrededor merced a la irrupción de las tecnologías, los cuales se traducen en cuatro planos principales
- - La creación de grandes redes de investigación y colaboración académica
- - Cambios en la administración académica
- - Cambios en la administración de las bibliotecas
- - Cambios en los procesos de enseñanza y aprendizaje
Entre estos planos, podemos decir que en tanto los tres primeros se han desarrollado de manera notable, en particular en las universidades con más acceso a recursos tecnológicos, el último de ellos está aún en posición de desventaja respecto de ellos. Reconozcamos que, en un nivel alarmantemente generalizado, la enseñanza no es considerada en el nivel superior, como una disciplina relevante. Entonces, la inclusión de tecnologías en la enseñanza, en la medida en que no se trata de algún “Llanero Solitario” (tal como los denomina Tony Bates) no se ha generalizado.
Aún las universidades como la mía - la Universidad hebrea de Jerusalem - en las que los docentes tienen acceso a plataformas virtuales, e infraestructura adecuada en todas las aulas, no despegan en este sentido.
Las posibilidades que brinda hoy la tecnología son muy amplias, y el uso es muy reducido. En próximas entregas, analizaré posibles causas de este fenómeno, y ofreceré asimismo alternativas y recomendaciones en esta área.
Marcelo I. Dorfsman