25 mar 2011

Los jóvenes y la información II ¿Es la censura?

En el artículo anterior, planteé la problemática del acceso a la información en un contexto de cambios acelerados caracterizado por la irrupción de las nuevas tecnologías y la conformación de un entorno socio-tecnológico en el cual los adultos, en la mayor parte de los casos, nos sentimos “extrañados”.
En un trabajo reciente. David Buckingham (Buckingham, 2008) hacía referencia a diversos enfoques acerca del niño (y del adolescente) en la que el autor denomina la “era digital”.
En primer lugar, vale aclarar que los temores y críticas que escuchamos hoy sobre los niños y las computadoras, no son muy diferentes de aquellos que escuchamos en la década de los 60-70 acerca de la TV, y antes todavía, acerca de la radio. Cada uno de estos medios de comunicación fue recibido – en primer lugar – con temor y escepticismo. En cada caso, se “denunció” la violación de la privacidad por parte de estos medios, así como el daño que se les ocasionaba, en especial a niños y adolescentes, por la exagerada cantidad de horas que éstos les insumían.
Lo mismo ocurre hoy con los niños frente a las computadoras: a diario escuchamos nuevos estudios, análisis e informes acerca de los daños de todo tipo que les causa  una exagerada exposición a las mismas, siendo que hoy ya no se habla de “media” sino de “multimedia”. Veamos por ejemplo, este sitio denominado commonsense.org que abunda en este tipo de materiales, junto a “tip´s” para padres y educadores sobre cómo actuar frente a los “riesgos” del mundo digital.
Enfoques de este tipo son los que denominamos, con Buckingham, los enfoques del “niño en riesgo”.  ¿Qué significa este enfoque y de dónde proviene?
Este enfoque proviene en primer lugar, de la sensación de “exclusión” de los adultos frente a la cultura digital. Como decíamos en el artículo anterior, este desconocimiento produce en los adultos una sensación de “pérdida de control” que por otro lado, es absolutamente legítima y comprensible. Entonces, frente a este mundo desconocido para los adultos, éstos no pueden menos que sospecharlo y temerlo responsabilizando a la tecnología, por la “destrucción” de la infancia tal como la conocemos, y por la “crisis” derivada del cambio en las relaciones de autoridad entre adultos y niños.
El enfoque opuesto es el del “niño liberado”. Los defensores de la denominada “generación digital” consideran a la tecnología como una fuerza liberadora, “un medio que les permite superar los límites a los que están sometidos y construir formas nuevas y autónomas de comunicación y comunidad” (Buckingham, 2008).
Entre estos dos enfoques estamos nosotros, adultos y educadores, frente o con los niños o adolescentes, y nos preguntamos cómo actuar.
Burbules (Burbules, 2006)  menciona cuatro alternativas: Censura, filtrado, parcelación y rotulación. La censura es una prohibición desde el lado de la oferta. El filtrado, la parcelación y la rotulación son moderaciones de diferente grado desde el lado de la demanda. En todos los casos, son conocidas las dificultades técnicas y prácticas que impiden que la aplicación de cada una de ellas obtenga un 100% de efectividad. Sumado a ello, el caso de la censura plantea dilemas éticos y políticos propios de cualquier acción de este tipo.
Sin entrar en detalles, diremos que si bien es necesario implementar mecanismos regulatorios en Internet, como en cualquier otro medio público (en los que efectivamente estos mecanismos existen) el caso de la información digital es infinitamente más complicado dadas las dimensiones internacionales del mismo, y las innumerables posibilidades de acceso que ésta brinda.
Volvamos al adulto / educador frente al niño y la cultura digital; entonces ¿Qué  es dable hacer?
En primer lugar, si nuestros temores – fundados – se derivan del desconocimiento de la cultura digital entonces, en primer lugar, tratemos de conocerla y de insertarnos en ella. Esto no significa entrar a los mismos sitos o jugar a sus mismos juegos. El mundo digital es lo suficientemente amplio como para brindarnos, también a nosotros, espacios de información, comunicación y entretenimiento. No obstante, para ello, ¿Quién mejor que los mismos niños para enseñarnos y orientarnos?
Entonces, si nos hacemos también nosotros “digitales”, podremos compartir experiencias, información y hasta herramientas nuevas a las que posiblemente nosotros podamos acceder antes que nuestros niños…
Por supuesto, tendremos que aceptar que esta nueva realidad es más simétrica que la que conocimos: habrán cosas a las que nosotros accederemos antes que ellos, y otras, posiblemente muchas otras, a las que ellos accederán antes que nosotros.  No obstante, la construcción de un lenguaje común será la clave para mantener una buena comunicación, y profundizarla.
Nuestro lugar de adultos y educadores se verá entonces también fortalecido, así como nuestra propia autoestima. Será menos necesario acudir a prohibiciones de todo tipo o a acciones que semejen a una violación de la privacidad por parte de nuestros niños, y ellos mismos estarán más dispuestos a escucharnos cuando, acudiendo a nuestra experiencia y conocimientos, podamos orientarlos en cuanto al tipo de lectura e información que podrán encontrar en ese mundo nuevo, parcialmente desconocido, con riesgos y peligros, pero también rico en promesas y oportunidades, denominado Internet.
Los invito a compartir vuestras experiencias. 

Marcelo I. Dorfsman 

21 mar 2011

Los jóvenes y la información: Lectura Crítica en la Red

Una de las características de nuestros tiempos es que cada vez más niños y adolescentes se adueñan de conocimientos a los que los adultos no accedemos. La irrupción de las tecnologías y los cambios acelerados parecen adecuarse más al ritmo de aquellos que los consumen que a la de aquellos que los sostienen. Esto es, si bien son los adultos los que posibilitan a niños y adolescentes el acceso a Internet, la compra de nuevo equipamiento y accesorio y aún, la posibilidad de acceder al entrenamiento en las mismas, de manera formal o informal. Y finalmente, ese mismo conocimiento que los adultos facilitan termina siendo vedado parcial o totalmente a ellos mismos.
Vivimos una época de "asimetrías inversas". Hace sólo 20 o 25 años atrás, un padre podía “jactarse” de poseer el más conocimientos que sus hijos, o bien las herramientas para acceder a ellos. Hoy es habitual encontrarse, como adultos, ante una realidad por la que no sólo no acceden a los mismos conocimientos sino que, tampoco conocen – en la mayoría de los casos – las herramientas para hacerlo.
En encuestas realizadas entre niños y adolescentes, éstos dicen percibir que la situación clásica de asimetría con los adultos se ha invertido o bien, ha desaparecido.
Tal situación nos plantea como  adultos y educadores varios desafíos, el más importante de ellos, desde mi punto de vista, es
¿Cómo sostener y aún fortalecer el lugar de adulto-educador en este contexto desconocido?
Una de las claves en todo proceso educativo es el acceso a la información. Internet es – en su faceta epistemológica - una gran autopista de información variada, accesible en la mayoría de los casos, no siempre confiable[1].
¿Cómo es dable clasificar la información en Internet? Burbules categoriza la información según las cuatro I (Burbules & Callister, 2000):
o  Inexacta, ¿En qué se debe creer?
o  Injuriosa, ¿Qué vale la pena?
o  Intrincada, ¿Qué tiene sentido?
o  Inútil. ¿Qué es lo relevante?


Esta primera distinción es útil para “desmitificar” lo que proviene de la red como necesariamente válido. El acceso a la información requiere del sujeto la capacidad de lectura crítica, comprensión del medio textual y no textual, y posibilidad de interpretar el lenguaje multimedial y su contexto.
¿Cómo validar la información de Internet?
En primer lugar, y siguiendo los postulados de la filosofía cartesiana, es necesario “poner todo en duda” y no dar por válida ninguna información, salvo que sea sometida de manera rigurosa, a criterios epistemológicos y no epistemológicos:
a.    Criterios epistemológicos:
-        La reputación de la fuente. Es importante saber quién produce una página de internet, si es un particular, una institución académica, una empresa. Cuál es su volumen, su trayectoria, etc.
-        Experiencias previas con esa fuente y recomendaciones: en ocasiones, acudimos repetidamente a una fuente, o bien recibimos recomendaciones de la misma, por parte de fuentes confiables.
-        El URL de una cuenta nos da mucha información. Una mirada atenta nos permite dilucidar si se trata de una empresa o una institución sin fines de lucro, una institución educativa o un particular. En la URL puede aparecer el nombre de una universidad conocida, pero siempre es necesario cotejarlo para verificar que no se trata de una similitud intencional y no de un URL auténtico.
-        La vía de enlace por la cual se llegó a la página, y la cantidad de enlaces desde y hacia ella: así como el URL, el enlace desde el cual llegamos a la página o bien, los enlaces que parten de ella dan cuenta del nivel de confiabilidad de la misma.
-        Actualización de la página: ¿Cuándo se actualizó por última vez? ¿Qué actividad se registró recientemente?  

b.      Criterios no-epistemológicos:
-        ¿A qué intereses responde esta información y esta manera de presentarla? Toda página tiene propósitos, algunos explícitos y otros implícitos. La manera de presentar la información, el tipo de información que presenta, los “destacados”, los “resaltados”, son datos que vale la pena buscar, leer e interpretar.
-       Analizar el contexto en el que aparece la información: el diseño, la organización, los colores elegidos, los textos destacados, la distribución de los espacios. Todo ello es parte del contexto que la página propone y construye como parte de su ideología y de sus intereses.
-        Lo que no aparece, lo que falta en la página. Preguntarse por la información faltante es también un modo efectivo de indagación crítica.
-       Construir criterios evaluativos para la lectura de imágenes, sonidos y videos. ¿Cuántos aparecen? ¿Qué lugar relativo ocupan en la página? ¿Cuál es la relación entre estos textos multimediales y los convencionales?
Como podemos ver, no es poco lo que un adulto puede hacer para orientar a niños y adolescentes frente a la masa de información a la que la red nos somete.  
En próximas entregas, continuaré con esta temática y la profundizaré.
Los invito a enviar sus comentarios.


Marcelo I. Dorfsman



[1] Su otra faceta, la comunicativa, es igualmente importante y a ella nos referiremos en otro artículo.

10 mar 2011

Viejas luchas, nuevos paradigmas

Como comentaba en uno de mis anteriores artículos, vivimos en una era de cambios profundos, paradigmáticos, en casi todas las áreas.
Manuel Castells (Castells, 2000) acuñó el término “Era de la información”, para referirse a una serie de cambios sociales, económicos, culturales y políticos en los cuales básicamente, la información deja de ser un “medio para”, para convertirse en medio, entorno y fin en sí mismo.
La tecnología atraviesa cambios profundos y dinámicos, y casi sin darnos cuenta, dejamos de referirnos a la misma en términos de “herramienta” para comprender que la misma es “entorno” con el cual sostenemos un vínculo de interacción y mutua transformación.
La irrupción de Internet produjo, en los últimos 15 años, posiblemente más cambios, más profundos y en menor tiempo, que el carbón y el petróleo en la revolución industrial, o la imprenta en los inicios de la modernidad.
En sus cortos años de vida hablamos ya de tres etapas : La web 1.0, la web 2.0 y la web 3.0. La primera es la “Internet vidriera”, es decir, la posibilidad de acceder en tiempo real a páginas planas, coloridas, con pocos elementos multimediales y nula posibilidad de interacción. En la web 1.0 la actividad del flamante “surfista” se reduce a la posibilidad de “clickear”, aprovechando de este modo la estructura hipertextual de la arquitectura web. La web 1.0 se inicia con el surgimiento masivo de internet a mediado de la década de los 90 y dura muy poco tiempo, dado que con la irrupción de los blogs (1997) , y páginas participativas y colaborativas como Wikipedia y Facebook (2001 y 2004) la internet se hace interactiva y el paradigma cambia de manera profunda.
Hoy no nos imaginamos acceder a la web sin la posibilidad de subir videos, insertar comentarios o fotos, diseñar nuestro propio sitio o – los más adelantados – diseñar sus propias aplicaciones y difundirlas en el espacio interactivo.
Susan Bodker (Bødker, 2006) analiza el significado de este cambio en todos sus aspectos: transformamos rápidamente nuestro espacio privado en espacio público; borroneamos los límites entre la vida laboral y los momentos de esparcimiento; pasamos de permitir que el medio se introduzca en nuestras vidas, a invitarlo activamente y aún convertir a la virtualidad, en nuestras vidas mismas.
Los cambios son tan rápídos y profundos que no nos dan el tiempo suficiente para reflexionar sobre ellos: las dimensiones tradicionales del tiempo y el espacio se han transformado; por ende, los espacios públicos se interpenetran con los privados, y nosotros nos hemos tornado en generadores de nuestros propios espacios y tiempos. Nuestro rol ha cambiado, y nuestra identidad se ve afectada profundamente por estos cambios.
En los 60-70, la irrupción de los medios masivos de comunicación – el cine, la TV y la radio principalmente – nos plantearon el desafío de la “invasión”: básicamente la invasión del espacio privado y su alteración en términos de los valores tradicionales de nuestras sociedades.
La era digital nos plantea la “transformación” de esos espacios y nuestra propia transformación con ellos. Castells ya planteó en su obra el impacto de la red en las identidades individuales, y la problemática generado por el surgimiento de la llamada brecha tecnológica.
Entonces, no es sorprendente asistir hoy a movimientos sociales que surgen de manera espontánea, que ya han derrotado dictaduras como las de Yemen y Egipto, y amenazan a tantos otros regímenes autoritarios en la región, con las banderas de la democracia, la transparencia y la equidad.
La era de la información está acá y con ella, transformaciones profundas en la mente humana, en los grupos y en las sociedades. La dimensión de esa transformación y la velocidad no serán fáciles de anticipar: estamos frente a cambios profundos y apasionantes que ya nos llevan a la tercera etapa de la revolución tecnológico: la web 3.0 – los smartphones de todo tipo comienzan a tornar a la pc y a la laptop en irrelevantes; las redes tradicionales se reemplazan por las redes celulares; los espacios dejan de existir como tales porque el nodo es el sujeto que se mueve con su propia capacidad de recibir y transmitir información…
La revolución tecnológica con sus diferentes mareas, se torna entonces en el nuevo lenguaje occidental penetrante y casi invencible. ¿Es ésta acaso una respuesta / reacción  a la oleada fundamentalista que inundó a nuestras sociedades, desde los 70 y hasta nuestros días?

Marcelo I. Dorfsman

Castells, M. (2000). The information age: Blackwell.

2 feb 2011

Las redes sociales en las luchas sociales

Vivimos una época particular, signada por la caída de algunos de los paradigmas que sostuvieron la vida humana durante siglos y no exagero si afirmo, siguiendo a sociólogos, filósofos e investigadores, que buena parte de estos cambios se deben a /están acompañados por la revolución tecnológica de los últimos veinte años.
Este blog, cuyo nombre es Tecnología, educación y sociedad, no puede abstraerse de los movimientos sociales que ocurren hoy en diferentes lugares del planeta y hoy, en particular, los movimientos sociales que, en diferentes países del Medio Oriente, están concentrando la atención del mundo entero.
En estos días, asistimos a la caída inevitable de uno de los regímenes más antiguos y poderosos de la región: Hosni Mubarak, presidente de Egipto, gobierna con mano de hierro desde el año 1981.  El movimiento fundamentalista de los Hermanos Musulmanes, responsables del asesinato de su antecesor Anwar el Sadat, no lograron en 30 años acceder al poder. Aún la ráfaga revolucionaria iniciada en Irán en el año 1979 no logró resquebrajar el sólido aparato tejido por Sadat y reforzado por Mubarak. Las reformas político-ideológicas en Egipto, iniciadas con el vuelco hacia occidente y el tratado de paz con Israel, no hicieron mella en el régimen. Sin embargo hoy, basta escuchar a los manifestantes para darse cuenta que este movimiento lo que pide es más trabajo y menos corrupción, elecciones libres y juego democrático. En términos de Castells, hablamos acá de una "identidad de resistencia" que se forma de manera espontánea en el marco de un gobierno dictatorial.  El crecimiento de este movimiento se ve favorecido y hasta posibilitado por la existencia de las redes sociales, sustentadas en plataformas como Facebook, Twitter y   las redes celulares.
Difícil es pensar que este tipo de movimientos pudiera gestarse 20, 30 o 50 años atrás. No estamos  diciendo que el fenómeno revolucionario es nuevo: el hombre ha gestado revoluciones desde los inicios de la humanidad. Pero éste fenómeno sí lo es, por su rapidez, espontaneidad, contundencia e imprevisibilidad. Sólo hace unos días atrás, y a pesar del movimiento triunfante en Túnez, nadie seriamente podía pensar en la caída de este régimen, y hoy podría decirse que la renuncia de Mubarak, ya insinuada para noviembre, es sólo cuestión de días.
Manuel Castells preanunció estos movimientos en su trilogía “La era de la información” y si bien en ese momento no los previó en toda su dimensión, hoy podemos decir que la que entonces se denominó “realidad virtual”, deja de ser “virtual” dado que invade de manera rotunda nuestras vidas.
Las redes sociales y en general, las meteóricas transformaciones que la tecnología produce día a día son ya un actor central en el juego de la política, la cultura, la economía de nuestras sociedades. 

Los invito a dejar sus comentarios

Marcelo Dorfsman 

25 ene 2011

La gestión de referencias bibliográficas - Zotero

En algunos de mis artículos hice referencia al software existente en el mundo del Open Source – Código abierto -  y entre los destacados mencioné al Zotero. (click acá)
Zotero es una herramienta, que funciona como aplicación del navegador Mozilla – también éste perteneciente a Open Source – y es un excelente administrador de información especialmente útil para investigadores y estudiantes universitarios.
¿Qué hace un gestor de referencias bibliográficas[1]?
Básicamente, los gestores de referencias bibliográficas producen tres acciones:
a.       Búsqueda de referencias en diferentes bases de datos, páginas, buscadores y demás.
b.      Organización de una base de datos personal, da fácil utilización y con posibilidades de compartirla con otros usuarios – investigadores.
c.       Inserción de referencias bibliográficas en un documento Word, en el formato requerido por el usuario.
a.       Búsqueda
Zotero viene equipado con direcciones predeterminadas de bases de datos especializadas, en las cuales se podrán acceder fácilmente a los datos requeridos.
Asimismo, Google Scholar, que es una de las bases de datos más completa en lo que a referencias se conoce, nos permite exportar directamente las referencias buscadas a nuestra base de datos.
b.      Organización
Zotero permite organizar nuestras referencias bibliográficas en directorios y sub-directorios, de acuerdo a nuestras necesidades:

En esta vista, podemos apreciar el fichero general de Referencias Bibliográficas, y los sub-ficheros creados por el autor. A la derecha, cuatro ítems, tres de ellos son libros (íconos azules) y el cuatro, un artículo científico (ícono blanco)
Zotero nos permite diferenciar fácilmente el tipo de ítems creados, y al presionarlos, toda la información existente en la base de datos de procedencia. En caso de no encontrar el artículo en una base de datos, también podemos insertarlo en forma manual.
Así se ve un ítem importado o construido en Zotero. Como se puede apreciar, el autor puede agregar datos a los existentes, incluir notas personales sobre el ítem, relacionarlo con otros ítems y “tagearlo” en la base de datos.  

      c.       Inserción
La acción más importante es la inserción de los ítems en un documento Word. Zotero permite generar una aplicación en Word, mediante la cual podemos insertar una cita en un texto de nuestra base de datos y darle el formato requerido, en este caso, APA.  
A continuación citaremos el texto “A Study of thinking”, de J. Bruner (Bruner, Goodnow, & Austin, 1986)  Al final del documento, aparecerá la cita completa en el formato elegido:
Bruner, J. S., Goodnow, J. J., & Austin, G. A. (1986). A study of thinking. Transaction Publishers.
Siempre podemos cambiar el formato elegido desde el comando Zotero, lo cual permite efectuar el cambio de manera automática sobre todas las referencias del mismo.
Asi se ve la aplicación de Zotero en el documento Word: 






De este modo, Zotero nos permite agilizar y optimizar una de las tareas más arduas y áridas que todo académico debe realizar, y la convierte en una tarea útil y ágil.
Zotero asimismo, actúa como una excelente herramienta para la investigación cualitativa, pero ese es tema para otro artículo.
Los invito a dejar sus comentarios
Marcelo I. Dorfsman

Más información sobre Zotero: http://www.zotero.org/


[1] El presente artículo no pretende reemplazar a la guía del usuario de Zotero. Es un artículo explicativo sobre el uso y las utilidades de esta herramienta.

13 ene 2011

Software Libre: una oportunidad para los perseverantes


Tal como lo mencioné en el post: Facebook vs. Google, la “cuarta ola”, asistimos a una etapa del desarrollo tecnológico en la cual el hardware y el software se van tornando cada vez menos relevantes, frente a la ascendiente preeminencia de las redes y en particular, de las redes sociales.

Por supuesto que no me refiero a que software o hardware han desaparecido o están en caminos de hacerlo… simplemente afirmo que su importancia ha sido relegada a un segundo, o tercer lugar, frente a la que crecientemente están asumiendo, en todos los campos, las redes como Facebook y en menor medida, Twitter.
En este artículo me referiré al denominado software libre. El software libre, denominado también Open Source es – como su nombre lo indica – un software que no requiere pago de licencias. Open Source es un movimiento en origen ideológico, cuyo propósito es  facilitar el acceso a las herramientas informáticas de manera libre e ilimitada.
Por ejemplo, el Open Office es un simil del conocido paquete Office, y Moodle es un sistema de gestión de contenidos para la enseñanza, simil Web-CT o Blackboard.
¿Cuáles son las características del Software Libre?
Además de la gratuidad de la licencia, el software libre trabaja de modo cooperativo, con miles de programadores que desarrollan aplicaciones, actualizaciones y servicios – en muchos casos libres y en otros, con un mínimo pago. Asimismo, el software libre se actualiza en forma permanente, tiene múltiples foros de consulta y asesoramiento, y los programas más difundidos tienen generalmente amplias versiones en español.
Algunos ejemplos interesantes, que me resultan de mucha utilidad en mis diferentes tareas educativas son: La plataforma Moodle, excelente gestor de contenidos y bases de datos para la enseñanza a distancia (ver mi nota sobre Plataformas a Distancia); Zotero, excelente gestor de referencias bibliográficas a la vez que herramienta de mucha utilidad para la investigación cualitativa; y Joomla, una excelente herramienta para la creación y administración de páginas web.
¿Qué es lo que el software libre no provee?
Es importante tener en cuenta que el software libre nos ofrece la licencia para el libre uso de los programas, pero no nos enseña a utilizarlos ni tampoco nos provee del apoyo técnico que una empresa si nos proveería.
Una institución que, por ejemplo, opta por adquirir una plataforma Moodle para la enseñanza, debe saber que ahorrará dinero en una eventual licencia abonada a IBM, Blackboard u otras. No obstante, esa institución deberá abonar dinero en la customización de Moodle a sus necesidades, diseñarla de acuerdo con su apariencia, capacitar personal que se ocupe de las diferentes tareas que se requieren (desde el administrador hasta a los alumnos) y darle soporte técnico.
Los costos de las licencias pueden no ser despreciables. La licencia del gestor de referencias bibliográficas Endnote asciende a 300$, y 115$ para estudiantes. El Zotero en cambio, es gratuito…
¿Qué programa es conveniente entonces?  No es este el espacio de las recomendaciones específicas. El software libre tiene la ventaja de poder bajarlo, aprenderlo y probarlo. Si no resulta, se borra y se prueba otro. Requiere de nosotros dos atributos que a veces escasean: tiempo y perseverancia.  El software pago puede venir recomendado, seguramente tendrá muy buen soporte y en muchas ocasiones es de muy buena calidad. No obstante, una vez hecha la compra… no se aceptan devoluciones.
El mundo del software libre es inmenso… se los recomiendo.
Los invito a realizar consultas y comentarios

Marcelo I. Dorfsman

Algunos links de Interés:
Zotero, el gestor de referencias bibliográficas

7 ene 2011

¿Cómo aprovechar la tecnología para generar trabajo cooperativo?

El trabajo cooperativo es una de las áreas que puede ser optimizada mediante el uso de las tecnologías. En este artículo, me referiré especialmente al trabajo cooperativo en el área de la investigación científica, y en la enseñanza en el nivel superior terciario y universitario.
Comenzaré diciendo que, según mi propia experiencia, no es fácil incluir las nuevas tecnologías en el nivel superior-universitario. Esta afirmación, sustentada también en la literatura científica en el campo,  es válida tanto para la enseñanza como para la investigación.
Profesionales de cualquier ámbito deben realizar esfuerzos para incluir nuevas tecnologías en su trabajo diario, y estarán dispuestos a realizarlos en la medida en que – o bien reciban estímulos o premios a sus esfuerzos, o bien consideren que los mismos serán justificados por la obtención de mejores resultados o por la posible optimización de sus tareas.
En las universidades podemos cubrir ambas alternativas ofreciendo herramientas que posibiliten el trabajo cooperativo, y optimicen  el trabajo científico y la docencia.
¿Cuáles son esas herramientas?
En primer lugar, la primer recomendación para optimizar el trabajo cooperativo es la posibilidad de compartir documentos en forma remota. Google.doc ofrece en este sentido, una plataforma ágil, eficiente y gratuita para hacerlo.
Para utilizar google-doc, es necesario registrarse en gmail. La plataforma de google.doc permite compartir documentos Word, Excel y presentaciones power point. Dos o más personas acceden al documento en forma sincrónica, trabajan juntas, elaboran y corrigen textos, gráficos y demás. A su vez, el documento puede ser modificado sólo por una de ellas, y luego las modificaciones serán visibles a las demás.
Google.doc permite trabajo en equipo en forma sincrónica. Para el trabajo a-sincrónico, lo más recomendable es utilizar la función “control de cambios” que viene incluida en Word. Esa función, que no todo usuario de Word conoce, permite efectuar correcciones a un documento, las cuales quedarán visibles a los demás usuarios. "Control de cambios" nos permite ver quién realizó las modificaciones, qué tipo de modificaciones se realizaron, cuándo en cada caso, etc.
Una vez trabajados los documentos, se pueden realizar intercambios on line – sea vía Skype si es entre dos personas, o vía Wiziq, si es entre tres o más personas. Wiziq es una plataforma de web-conferencias, gratuita, que permite compartir audio, video y una pizarra de trabajo[1].
Una tercer herramienta que vale recomendar es el gestor de referencias bibliográficas. Esta herramienta permite a un investigador construir su propia base de datos de referencias bibliográficas, a partir de la concreción de búsquedas eficientes, organización inteligente, inserción en documentos Word y edición en el formato requerido (por ej. APA) Las herramientas permiten también reformatear las citas cada vez que sea necesario. Entre ellas, recomiendo el Endnote, que es un programa no gratuito, o el Zotero, que pertenece a la familia de Open Source y es gratuito. Los buenos gestores permiten, a su vez, compartir las bases de datos – lo que habitualmente hacen equipos de investigadores que se ocupan de los mismos temas o de las mismas investigaciones.
Como el lector podrá apreciar, he dado cuatro ejemplos de herramientas que favorecen el trabajo en equipos cooperativos y lo facilitan. Todas ellas son de uso libre, es necesario aprenderlas y ejercitarlas, lo cual supone un esfuerzo aunque no exagerado. Una adecuada política institucional puede favorecer su  inclusión, lo cual derivará en un uso adecuado de las nuevas tecnologías y en una optimización del trabajo de los científicos,  investigadores y docentes en esa la institución.

Marcelo I. Dorfsman 


Para buscar y empezar a aprender...
Google.docs
Endnote
Zotero
Wiziq


[1] Para más información sobre plataformas de web-conferencia, ver mi artículo  en este mismo blog http://marcelo-dorfsman.blogspot.com/.